Pese a los avances de las últimas décadas, mujeres y hombres siguen distribuyendo su tiempo de manera diferente entre el trabajo remunerado, las tareas del hogar y los cuidados, evidenciando la división de género del trabajo, tanto en el uso del tiempo como en los salarios percibidos y su participación dentro de la fuerza laboral. En España, el porcentaje de mujeres que forman parte de la población activa se está acercando al de los hombres, con un 47,15% frente al 52,85% según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa del INE. Sin embargo, continúan desempeñando un menor número de ocupaciones y enfrentando distintos obstáculos para acceder a determinados puestos de trabajo y seguir avanzando en su carrera profesional.
En este contexto, los conceptos de “feminización” y “masculinización” de la economía cobran especial importancia y reflejan la estructura de la participación de género en los diferentes sectores del mercado laboral. Una participación que está condicionada por aspectos sociales, culturales y políticos que afectan al desarrollo sostenible y a la igualdad de oportunidades.
¿Qué es la feminización y la masculinización de la economía?
La feminización de la economía hace referencia a la interrelación entre género y economía, poniendo el foco en que, pese al aumento progresivo de la participación de las mujeres en actividades económicas, esta se concentra en áreas asociadas a los roles considerados tradicionalmente femeninos, como la educación, la salud, el comercio y ciertos sectores de servicios. Esto conlleva, a menudo, salarios más bajos y condiciones laborales más precarias.
Por su parte, la masculinización de la economía se refiere a la predominancia o concentración de hombres en determinados sectores económicos, especialmente en aquellos vinculados a industrias pesadas, tecnología, finanzas y cargos directivos de alto nivel. Aunque en algunos contextos también puede incluir una segmentación basada en el género, en general, se relaciona con la persistencia de estructuras masculinas en ciertos ámbitos económicos.
Este fenómeno de concentración de mano de obra femenina y masculina en diferentes sectores económicos se conoce con el nombre de segregación del mercado de trabajo.

Causas
Las causas que explican estos fenómenos son varias y muchas veces están interrelacionadas. En el caso del incremento de la presencia de las mujeres en el mercado laboral, estas son algunas de las más destacadas:
- Transformaciones sociales y culturales. La lucha por los derechos reproductivos, la igualdad de género y la incorporación de las mujeres a la educación superior, así como la expansión de políticas de igualdad y la sensibilización social han contribuido a aumentar sus oportunidades laborales, aunque generalmente condicionadas por la necesidad de conciliar con el trabajo doméstico y los cuidados.
- Políticas públicas y marco legal. La implementación de normativa que promueve la igualdad laboral, la protección contra la discriminación y la conciliación entre la vida personal, familiar y laboral ha sido fundamental para facilitar la incorporación de las mujeres en diferentes ámbitos económicos.
- Factores económicos. La diversificación de las fuentes de ingresos y la necesidad de dar respuesta a cambios demográficos, como el envejecimiento de la población, son factores que han fomentado la integración del potencial femenino, aumentando así su participación en el mercado de trabajo.

En cuanto a la segregación del mercado de trabajo, estas son sus principales causas:
- La persistencia de estereotipos de género que asocian a los hombres con determinados trabajos.
- La equiparación de funciones entre el trabajo remunerado y el doméstico. La salida de las mujeres del espacio doméstico para integrarse en el mercado laboral ha resultado, en muchos casos, en su incorporación en sectores en los que se desempeñan funciones de cuidados.
- La percepción de roles tradicionales que asignan a los hombres el liderazgo y la autoridad en la economía.
- La discriminación, directa o indirecta, que limita el acceso y permanencia en ciertos puestos de trabajo a las mujeres.
Consecuencias
Las transformaciones de la composición de género en la economía tienen efectos positivos y negativos que impactan en la estructura social y en el desarrollo económico. Entre las más reseñables de la feminización, se encuentran:
- Mayor igualdad de género. El aumento en la participación femenina puede contribuir a reducir las brechas salariales y desafiar estereotipos tradicionales, promoviendo sociedades más justas y equitativas.
- Crecimiento económico. La participación plena de las mujeres en la economía puede incrementar el Producto Interior Bruto (PIB).
- Desafíos al bienestar laboral. La segregación del mercado de trabajo conlleva, en ciertos escenarios, situaciones de desigualdad para las mujeres con la precarización laboral, la reducción salarial, el aumento de la carga de trabajo y las barreras para acceder a puestos directivos. Esta realidad se manifiesta en el fenómeno de la «feminización de la pobreza», que evidencia la posición de vulnerabilidad de muchas mujeres en el ámbito laboral y a la que es necesario dar respuesta.

Por su parte, la masculinización de la economía tiene estas consecuencias:
- Persistencia de desigualdades. La concentración de hombres en ciertos sectores puede perpetuar desigualdades estructurales, limitando la diversidad y la inclusión.
- Segmentación y segregación laboral. La separación de géneros en el mercado laboral puede limitar las oportunidades de crecimiento en ambos grupos.
- Resistencia a cambios culturales. La masculinización puede reflejar y reforzar estereotipos de género que dificultan la igualdad y la incorporación de nuevas perspectivas.
La feminización y masculinización de la economía son fenómenos que reflejan y afectan a la estructura social y productiva, y presentan desafíos que requieren de un enfoque integral y comprometido. Para abordar estos retos, la Secretaría General de Empleo y Relaciones Laborales impulsa acciones para fomentar, sensibilizar y formar a la sociedad, que buscan contribuir a superar la segregación laboral y garantizar los derechos laborales, fomentar la corresponsabilidad, y lograr una transformación social que desmantele los estereotipos de género y facilite la participación plena de las mujeres en el mercado laboral.