El próximo 28 de abril se celebra el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo y este año se centra en la participación y el diálogo social en la creación de una cultura de seguridad y salud positiva. Mediante un diálogo social eficaz, los gobiernos a distintos niveles y la interlocución social participan activamente en todas las etapas de los procesos de toma de decisiones en materia de seguridad y salud. Y dentro de la creación de una cultura de seguridad y salud un elemento básico es abordar esta cuestión con perspectiva de género. Aprovechamos esta celebración para reflexionar sobre la importancia de la formulación en las empresas de políticas preventivas de seguridad y salud con perspectiva de género. 

En Galicia el Instituto de Seguridad y Salud (ISSGA) lleva muchos años trabajando a favor de la integración de la perspectiva de género en la actividad preventiva. Además de actividades formativas, como el webinario ‘Muller e saúde laboral: diversidade, equidade e igualdade’ organizado en colaboración con la Dirección General de Relaciones Laborales celebrado el pasado mes de octubre, realiza publicaciones específicas como la Guía “Pautas para la integración de la perspectiva de género en la prevención de riesgos laborales. Herramientas para su implantación“, que os animamos a consultar.

Enfoque normativo

La Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de prevención de Riesgos Laborales, vigente a día de hoy, no incluye la necesidad de realizar una revisión de las políticas preventiva específica de riesgos laborales desagregada por sexos en las organizaciones. Las únicas medidas preventivas existentes y obligatorias se refieren a la capacidad reproductiva o al propio estado biológico del embarazo, como estado temporal o transitorio que merece una protección específica en el marco de la seguridad y salud en el trabajo. 

Por otro lado, no se suele abordar desde el marco de la prevención factores externos al trabajo que puedan interactuar con éste o los riesgos asociados al doble rol de las mujeres dentro y fuera del espacio doméstico.

En el ámbito normativo se ha avanzado, por ejemplo, en riesgos laborales específicos como pueden ser el acoso sexual y por razón de sexo. Existe una evidencia real de que en casos de acoso los riesgos psicosociales se manifiestan de forma particular en problemas de salud mental, estrés, depresión, ansiedad… En la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres se incluye la obligatoriedad que tienen las empresas de introducir medidas específicas para prevenir el acoso sexual y el acoso por razón de sexo en el trabajo.

Perspectiva de género en salud laboral

Desde el punto de vista biológico, los hombres y las mujeres no son iguales (diferencias de sexo). Además, las actividades profesionales que realizan, las condiciones de trabajo a las que están sometidas y la forma en la que son tratados en las relaciones laborales son distintas (diferencia de género). Estas diferencias también se desarrollan en el ámbito de la salud laboral y la cultura preventiva en las empresas. Por eso, debemos tener en cuenta estas diferencias y ser conscientes de cómo pueden afectar los peligros en el trabajo a mujeres y a hombres, cómo evaluarlos y cómo controlarlos.

La Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo afirma que existen diferencias evidentes que afectan a los riesgos a los que se enfrentan los hombres y las mujeres en el trabajo. En concreto, las mujeres:

  • Trabajan en sectores específicos y en tipos de trabajo específicos.
  • Equilibran dobles responsabilidades en el trabajo y en el hogar.
  • Cuentan con poca representación a escala de supervisión y dirección.
  • Son físicamente distintas a los hombres, aunque existen más variaciones entre mujeres que entre hombres y mujeres, por ejemplo, respecto de la fuerza física.
  • Realizan trabajos que se presumen erróneamente como seguros y fáciles.

Con frecuencia estas diferencias no están reconocidas en la práctica de salud y seguridad. Es más, con frecuencia se subestima la carga de trabajo y los riesgos laborales para las mujeres. Por ello, existen algunas preguntas básicas por las que podemos empezar para saber si estamos incorporando la perspectiva de género en la actividad preventiva de la empresa son:

  1. ¿Los puestos ocupados por mujeres se han evaluado?
  2. ¿La evaluación de riesgos contempla los riesgos asociados a todas las tareas que se realizan?
  3. ¿A qué colectivo se dirigieron mayoritariamente las acciones formativas realizadas el año pasado?
  4. ¿Se practicó algún tipo de adaptación ergonómica en los puestos ocupados por trabajadoras? ¿Y en los ocupados por trabajadores?
  5. ¿Se han tenido en cuenta en la evaluación de riesgos psicosociales factores ligados al género, como dificultades para conciliar la vida personal, laboral, familiar; diferencias en la asignación de funciones y en la importancia/relevancia de las tareas asignadas, la existencia de brecha salarial, techo de cristal, etc.?
  6. ¿Qué pueden hacer los distintos agentes de la prevención?

Ejemplos de las diferencias de género en cuanto a la salud

El informe de la Agencia Europea para la Seguridad y Salud titulado Las cuestiones de género en relación con la seguridad y la salud en el trabajo proporciona mucha información sobre los riesgos para las mujeres trabajadoras y su prevención, y cómo adoptar un enfoque de género. Recogemos aquí cinco de estas diferencias detectadas:

  1. Estrés. Aunque ambos sexos registran tasas elevadas; sin embargo, entre los factores de estrés particulares a las mujeres se incluyen el acoso sexual, la discriminación, los trabajos mal considerados con poco control de la situación, el trabajo con gran exigencia emocional, y la doble carga de un trabajo remunerado y otro no remunerado en el hogar.
  2. Violencia ejercida por el público. Normalmente la sufren las mujeres, que estadísticamente suelen ocupar  más puestos de atención a la clientela.
  3. Enfermedades cutáneas. Sufridas en mayor medida por las mujeres; por ejemplo, debidos al trabajo con las manos húmedas, en sectores como servicios de comidas, o por el contacto de la piel con productos de limpieza o químicos en peluquería.
  4. Asma y alergias. Mayor incidencia entre las mujeres, ya que es causada por productos de limpieza, agentes y polvo esterilizantes presentes en guantes protectores de látex utilizados en el sector sanitario, y polvos en la industria textil y de la confección.
  5. Salud reproductiva. Entre los ámbitos que se han descuidado se incluyen la fertilidad, los trastornos menstruales, la endometriosis o la menopausia. 

¿Tiene tu plan de prevención de riesgos laborales incorporada la perspectiva de género? Desde aquí te animamos a que te lo cuestiones y hagas una revisión teniendo en cuenta las circunstancias concretas de tu sector y de tus puestos de trabajo. 

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