La globalización y la tecnología han modificado de manera significativa el mercado de trabajo a nivel global en los últimos treinta años. Sin embargo, esta transformación no se ha materializado en una mejora de la calidad del trabajo, ni en la obtención de una igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres. De acuerdo con el informe Tendencias sociales y del empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la mejora de la calidad del trabajo en el mundo se ha ralentizado en las últimas dos décadas y las mujeres siguen enfrentando más obstáculos que los hombres tanto en el acceso al empleo como en el desarrollo de una carrera profesional.
Al analizar el entorno laboral actual, se observa que alcanzar la igualdad real entre mujeres y hombres sigue siendo una meta distante, pese al incremento de la presencia femenina en el mercado de trabajo, las campañas de concienciación y las reformas legislativas. Según los datos globales, la participación de las mujeres en la fuerza laboral se sitúa por debajo del 47%, en contraste con el 72% de los varones, lo que supone una brecha del 25% que llega a alcanzar el 50% en algunas regiones. Aunque en España este margen se estrecha hasta el 9,7%, la necesidad de erradicar por completo esta disparidad sigue siendo imperativa. Asegurar que las mujeres tengan acceso a trabajar libremente —por elección y en condiciones de dignidad, equidad y seguridad— es crucial para garantizar su inclusión y bienestar. Para ello, es necesario reflexionar sobre las causas estructurales y las consecuencias de las desigualdades por razón de sexo que persisten a nivel global en el entorno laboral.
Desempleo y precariedad
En general, las mujeres enfrentan mayores dificultades que los hombres para acceder al mercado laboral, un panorama que resulta especialmente crítico en el norte de África y los Estados Árabes, donde las tasas de desempleo femenino superan el 20%. Además, aunque la precariedad laboral está ampliamente extendida, se observa una clara sobrerrepresentación de las mujeres en cierto tipo de trabajos vulnerables, con las condiciones que conlleva:
- Menos horas de trabajo. Las mujeres tienden a trabajar menos horas que los hombres, la mayoría de las veces no por elección propia.
- Trabajo no remunerado. Las mujeres dedican de media más del triple de horas que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados y este trabajo invisible a menudo impacta en las horas que pueden dedicar al trabajo remunerado.

- Trabajo en negocios del entorno familiar. Casi el 16% de las mujeres que tienen un trabajo lo desempeñan en un negocio del entorno familiar, frente al 6% de los hombres. Esto afecta a su condiciones laborales porque suelen hacerlo de manera informal, con frecuencia reciben un salario bajo y, a veces, su trabajo ni siquiera es retribuido. De igual manera, puede que no tengan un contrato ni cuenten con protección social.
- Cobertura por maternidad. La mayoría de países ofrecen algún tipo de protección por maternidad a las mujeres trabajadoras. Sin embargo, cerca del 60% no tienen derecho a la baja por maternidad y casi el 66% no tiene derecho a una baja remunerada. Esta falta de cobertura supone una amenaza para mantener empleos estables y volver al trabajo después del parto.
- Acceso a protección social. En algunas regiones, es frecuente que las mujeres no tengan acceso a la protección social. Además, sus prestaciones suelen ser menores debido a los salarios más bajos, periodos de cotización más cortos y una mayor incidencia de trabajo informal. Es un problema que se refleja de manera evidente en la jubilación. A nivel global, las pensiones que reciben las mujeres son casi un 11% menores que las de los hombres.
Los desafíos que persisten a nivel global
Según la OIT, estos son los principales desafíos que contribuyen a la persistencia de la desigualdad laboral a nivel global:
- Roles de género. Las expectativas de género y la necesidad de amoldarse a ellas pueden diferir según la región geográfica, las creencias religiosas o la tipología del hogar. Este condicionamiento suele manifestarse de forma evidente a través del estado civil, que puede determinar si una mujer busca activamente un empleo de acuerdo con las exigencias sociales, culturales y de la fe que profesa.
- Conciliación familiar y laboral. Uno de los mayores obstáculos para las mujeres en el ámbito laboral es la dificultad para conciliar el trabajo con las responsabilidades familiares, ya que siguen soportando la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados.

- Transporte para desplazamientos. En los países en vías de desarrollo, la falta de transporte seguro y accesible es el factor que plantea mayores dificultades para que la mujer pueda participar activamente en el mercado laboral.
- Servicios de cuidados. A nivel mundial, la falta de servicios de cuidados asequibles para menores y personas dependientes supone un obstáculo para las mujeres, tanto para las que buscan trabajo como para las que ya lo tienen. De hecho, los datos revelan que reduce las posibilidades de participación de la mujer en el mercado laboral en casi 5 puntos porcentuales en los países en vías de desarrollo y en 4 puntos porcentuales en los países desarrollados.
La desigualdad de género en el ámbito laboral es un problema económico y social. Cuando las mujeres son excluidas, se pierde talento, innovación y productividad. De hecho, el Fondo Monetario Internacional ha estimado que conseguir cerrar la brecha de género en el mercado de trabajo podría suponer un incremento del 35% en el PIB mundial. Por su parte, el índice Closing the gap recoge, en su cuarto informe, que el coste de oportunidad de cerrar la brecha de género para el año 2022 equivalía a un incremento del 15,8% del PIB español. Construir un entorno laboral inclusivo e igualitario es una responsabilidad compartida y desde la Secretaría General de Empleo y Relaciones Laborales ofrecemos distintos recursos para contribuir a cerrar esa brecha.