A lo largo del proceso de socialización, según seamos hombres o mujeres, aprendemos y ponemos en práctica una serie de comportamientos considerados como femeninos y/o masculinos, que van a ser considerados apropiados o no, favoreciendo (o no) la inserción en la sociedad. Estos comportamientos se denominan roles de género y están relacionados directamente con el reparto de tareas entre mujeres y hombres.
Así, tradicionalmente los trabajos reproductivos y de cuidados (todas aquellas tareas necesarias para sostener la vida, tales como la alimentación, el cariño o la higiene, así como la organización de las mismas) han recaído sobre las mujeres al tiempo que el trabajo conocido como “productivo”, aquel que genera riqueza económica, ha sido desarrollado por hombres. De esta manera, las mujeres han ocupado, mayoritariamente, el espacio privado de los hogares y los hombres el espacio público fuera de casa. Esta separación de espacios y tareas provocaba todo un desarrollo sociocultural y legislativo en el que, en función de tu sexo, tenías una serie de derechos y obligaciones diferentes, siendo en la mayoría de los casos menores los derechos y mayores las obligaciones si eras mujer.
Actualmente, tanto hombres como mujeres tienen los mismos deberes y derechos ante la ley, lo que se denomina igualdad legal. Sin embargo, la igualdad real, aquella que realmente distribuye igualitariamente la carga de las obligaciones en los cuidados y la generación de riqueza, no se ha equiparado. Se puede afirmar que las mujeres han entrado en el mercado laboral, pero los hombres no han entrado con la misma intensidad en los hogares, manteniendo una carga mental y laboral no remunerada por parte de las mujeres en las casas en las que se convive con parejas hombres. Esta carga se intensifica con la llegada de la descendencia hasta el punto de que las mujeres españolas dedican casi 38 horas a la semana al trabajo no remunerado frente a las 20 horas que dedican sus parejas hombres en los mismos hogares según la Encuesta de Empleo de Tiempo del INE. Si miramos la distribución de tiempo de ocio, esta se invierte a favor de los hombres, siendo las mujeres con hijas/os y pareja hombre las que disponen de 1 hora y 37 minutos menos de ocio al día.
Esta realidad, obliga a los países que luchan activamente por la reducción de la brecha de género a generar medidas para promover no solo el acceso, sino la promoción en igualdad de condiciones en el trabajo tales como la elaboración de planes de igualdad, el protocolo contra la violencia y el acoso en el trabajo, las auditorías retributivas… etc. Todas estas medidas son importantes e imprescindibles para avanzar hacia la igualdad de género en los lugares de trabajo. Sin embargo, esta publicación pondrá el foco en acciones que quedan muchas veces en segundo plano y que tienen que ver con el papel que juegan los hombres en la promoción de la igualdad laboral como agentes activos del cambio necesario.
A día de hoy, tanto hombres como mujeres apoyan abiertamente los principios de justicia y equidad laboral, así como la participación de las mujeres en todos los sectores económicos. Y, afortunadamente, existen cada vez más iniciativas en donde se trabaja con los hombres para desarrollar proyectos dirigidos a lograr la igualdad de género en el lugar de trabajo, prevenir la violencia doméstica y sexual, compartir la crianza, o abrirse a nuevos modelos de masculinidad. A nivel nacional destaca la Asociación de Hombres por la Igualdad o el Observatorio de las Masculinidades de la Universidad Miguel Hernández de Elche y la Men Engaged Alliance a nivel internacional.

Primeros pasos en las organizaciones
Sabemos que las percepciones cambian según la experiencia vital de cada persona. Cuando alguien no sufre una discriminación de manera directa, resulta más difícil reconocerla. Especialmente cuando se manifiesta de forma sutil como los conocidos micromachismos entre ellos comentarios que pueden pasar desapercibidos, interrupciones constantes en reuniones, doble exigencia a la hora de demostrar competencia, o la asignación no explícita de tareas de cuidado dentro del equipo. Escenas que se repiten a diario para las mujeres en los centros laborales.
Sin embargo, existen estudios que revelan que los hombres perciben sus lugares de trabajo como menos sexistas y más equitativos que sus compañeras mujeres:
- Según una encuesta de InfoJobs de 2026, 6 de cada 10 hombres considera que no existe brecha salarial de género, frente al 70% das mujeres que asegura que sí existe.
- Una encuesta mundial de la consultora internacional Hays destaca que los prejuicios sexistas y la discriminación son el principal obstáculo para las mujeres en el trabajo.
Y esta diferente forma de percibir la realidad es importante en materia de igualdad laboral porque si quien tiene poder de decisión (muchas veces hombres en puestos de dirección) no percibe el problema, es más difícil que se prioricen medidas para corregirlo. También es importante indicar que la falta de reconocimiento del sexismo no implica mala fe, sino que suele responder a conductas fruto del proceso de socialización de género, la asimilación de roles tradicionales y a sesgos inconscientes, y no a una indiferencia consciente.
Cerrar esta brecha de percepción requiere formación específica, escucha activa y espacios donde los hombres puedan aprender de las experiencias de sus compañeras.

Qué puede hacer mi entidad
Reconocer que existe esta diferencia de percepción es, en sí mismo, un primer paso necesario antes de poder actuar con eficacia.Adicionalmente, es importante trabajar en la cultura de las organizaciones, especialmente, con los hombres que ocupan puestos de responsabilidad.
La realidad muestra que cuando una persona (independientemente de su género) ocupa un puesto de mando, tiene una capacidad de influencia que va más allá de su propio comportamiento individual. Por eso, las organizaciones deben fomentar:
- La revisión de posibles sesgos de género, aunque sean inconscientes, en los procesos de promoción y evaluación de los equipos.
- La visibilización y reconocimiento del talento femenino en sus equipos.
- La normalización del uso de los permisos y medidas de conciliación existentes en la empresa, dando ejemplo él mismo. Y es que aunque en la actualidad, por ejemplo, los permisos por nacimiento y cuidado del menor alcanzan ya las 19 semanas retribuidas e intransferibles para cada progenitor, la clave no está solo en que estos permisos existan, sino en que los hombres los utilicen activamente, sin percibirlos como una excepción o como algo que pueda «penalizar» su carrera profesional.
- La tolerancia cero frente a comentarios o actitudes machistas en el día a día, aunque sean en tono jocoso.
Cuando un mando apoya abiertamente estas cuestiones, manda un mensaje muy potente al resto de la organización que contribuye, también, a romper con los estereotipos de género que afectan a los hombres (por ejemplo, la idea de que pedir una excedencia para cuidar de un familiar es «cosa de mujeres», o que mostrar vulnerabilidad emocional en el trabajo es un signo de debilidad). Así mismo, trabajar activamente la sensibilización para la corresponsabilidad en sus vidas personales tiene un efecto muy positivo en la igualdad laboral.
Desde la Secretaría General de Empleo y Relaciones Laborales de la Xunta de Galicia impulsamos acciones de sensibilización y formación dirigidas a implicar activamente a los hombres en la promoción de la igualdad real y efectiva en el ámbito laboral. Tienes toda la oferta disponible en nuestro Campus Formativo. Además animamos a las organizaciones y a sus profesionales, hombres y mujeres, a continuar avanzando en este camino y a contribuir a que Galicia siga siendo un referente en materia de igualdad laboral.